domingo, 3 de mayo de 2015
REFLEXIONES EN TORNO A UNA ÉTICA ANIMAL
“¿Cómo podremos construir una nueva humanidad?
Con respeto por la Vida.
La existencia depende más del respeto por la vida
que de las leyes y los profetas.
El respeto por la vida abarca toda la ética del amor,
en su sentido más profundo y elevado
Es la fuente de renovación constante para el individuo
Y para la humanidad. ”
ALBERT SCHWEITZER
Reverence for Life
Al hablar de una ética animal, estaríamos planteando la utilización de diversos enfoques éticos para cada uno de los seres o sistemas que habitan el planeta; encontrando así una ética centrada en el hombre (antropocéntrica), otra centrada en los animales (zoocéntrica) y finalmente una centrada en la vida (biocéntrica), siendo esta última la que adoptaremos como eje de reflexión, la BIOETICA.En nuestra propuesta pretendemos reflexionar sobre los aspectos éticos de la relación hombre – animal; discutiendo acerca del estatus moral de los animales, de sus “derechos” y finalmente revisar nuestras “responsabilidades” éticas, morales y legales con las otras formas de vida que comparten el ambiente natural y artificial en el que vivimos.Estas reflexiones nacen de la posibilidad que ofrecen las argumentaciones de la Bioética para abordar discusiones sobre el sentido de nuestras acciones, decisiones y actitudes hacia la vida y los animales. Nace de la vivencia personal de compartir su vida y su muerte, su salud y su enfermedad, de estudiar y observar su conducta. De la insatisfacción frente a preguntas y respuestas acerca de nuestras diferencias y similitudes, del uso que damos de ellos y por supuesto, del “ser” de mi quehacer, la Medicina Veterinaria.Preguntas asumidas habitualmente por filósofos, escritores, periodistas, abogados y en menor proporción por zoólogos y biólogos; casi nunca fueron abordadas por los médicos de los animales, los Veterinarios.Esta ausencia es probable que haya sido ocasionada, en gran medida, por la formación universitaria de pre grado en las ciencias veterinarias que valora mucho más los aspectos zootécnicos, quirúrgicos, diagnósticos y clínicos; frente a las reflexiones filosóficas o éticas de nuestra labor. Es también probable, que sea debido, a la percepción que del animal tenemos, máxime cuando el objetivo fundamental de la profesión son la salud humana; la sanidad animal y productividad agropecuarias, en la que los animales son considerados “objetos” (semovientes) y su dimensión de “seres sensibles”, solo hasta hace pocos años se viene teniendo en cuenta en el ámbito profesional. Esta dimensión, su estudio y aplicación se ha logrado a través de la Etología Veterinaria y del Bienestar Animal (animal welfare).Es posible que para muchos esta discusión no tenga objeto, y para ellos, las argumentaciones dadas por los proteccionistas o defensores de los animales han carecido de bases sólidas a nivel filosófico y moral. Y es que solo, hasta que filósofos reconocidos, abordaron la problemática de los animales y de la forma como los tratamos, se crearon espacios de discusión y análisis acerca de nuestros supuestos, de nuestras actitudes y de lo que hacemos frente a las otras formas de vida con las que compartimos la existencia en este planeta.“... cada vez que me he mostrado suficientemente humilde y dispuesto a permitir que un ser que no era humano me instruyera, este amigo, ya tuviera cuatro patas, seis o ninguna, compartió conmigo una sabiduría que no tiene precio. Todos ellos me enseñaron que la perfecta comprensión entre el ser humano y las otras formas de vida es posible en el momento en que el ser humano cumple realmente con el papel que le corresponde.” (4)Nos proponemos una reflexión que tenga en cuenta las condiciones que hacen posible la vida, reconociendo la biodiversidad no solo en términos ecológicos y ambientales, sino por la trama de los elementos que la constituyen y que hacen posible ver la vida como una totalidad. Esta red o trama en la que todos los elementos se encuentran entrelazados en una dinámica estructural de relaciones, red que nos permite el substrato sobre el que podemos construir nuestro aporte. aReflexión que no estará orientada a “humanizar lo animal ni animalizar lo humano”, sino más bien, a proponer una relación armónica, coherente y madura con las demás especies.
a. Adaptación de MACROBIOÉTICA - Colección Pedagogía y Bioética. Nº 7; Universidad a distancia. Programa de Bioética; Facultad de Educación; Universidad El Bosque. Bogotá, 1999.
1. La relación hombre animal.“La grandeza de una nación y su progreso moral se puede juzgar de acuerdo a la manera en que trata a sus animales” Mohandas GandhiLas diversas relaciones que mantenemos con los animales, sean estos silvestres, domésticos, de compañía, de laboratorio, de consumo, callejeros, etc.; ha permitido una aproximación desde diferentes enfoques: académico, filosófico, ético, jurídico, emocional, romántico, artístico, compasivo, fundamentalista, salubrista, clínico, etológico y comparado entre otros.Y todos estos enfoques han generando a su vez posiciones ideológicas muy definidas como la proteccionista, abolicionista, utilitarista o indiferente. Discutiéndose habitualmente temas como la experimentación y vivisección, el tráfico de fauna silvestre, la tenencia responsable de mascotas, las poblaciones animales callejeras y su control, los animales como alimento, los métodos de producción intensiva, las colecciones de animales (zoológicos) y los centros de control de zoonosis (antirrábicos).Esta relación que la especie humana ha establecido con otras especies animales se encuentra enmarcada por momentos históricos y culturales, así como por factores ambientales, políticos, económicos, científicos y sociales. Tornándose más estrecha y compleja, cuando como especie empezamos a domesticar y coleccionarlos; creando interacciones que en principio iban en detrimento de las necesidades básicas de aquellas especies mantenidas en cautividad o domesticidad.“Actualmente al hombre lo rodean una serie de animales domésticos de gran valor económico o afectivo, considerados como algo natural, olvidando que todos ellos no existían hace quince mil años y que la mayoría no aparecieron hasta hace unos diez mil años (domesticación).
La transición de una economía de caza y recolección a otra en la cual se producen los alimentos, es decir, donde se tienen plantas y animales domesticados constituye sin duda alguna el hecho más revolucionario y de consecuencias económicas y sociales más importantes para el desarrollo de la humanidad.”(6)
En el caso de las especies llamadas domésticas o domesticables se generó un “contrato de uso”; de hecho a nivel técnico le denominamos explotación pecuaria. Este concepto de contrato, referido por Morris, D. (1990) como el: “contrato animal”, plantea que existe entre nosotros y los animales un compromiso, que nos convierte en socios para compartir el planeta. La base de este contrato consiste en que cada especie debe limitar el crecimiento de su población de modo tal que permita la convivencia de otras formas de vida.(29)
Sin embargo en el manejo de los animales de producción o de consumo, los sistemas de “explotación intensiva” descritos por Singer, P. (1975) como “la granja-factoría”; son justificados exclusivamente con base en el costobeneficio del sistema y como una opción alimentaría para la población humana necesitada de fuentes de proteína animal. Sin contemplar otras implicaciones diferentes a las técnicas, económicas y de producción.En últimas no se trata plantear con estos asuntos, que la única opción sea entonces el vegetarianismo o el veganismo; sino más bien revisar los fundamentos y esquemas conceptuales (éticos y morales) que sustentan los sistemas de manejo y utilización de los animales domésticos o de consumo.Se trata de mirar, si como especie y como cultura, vemos en los animales objetos útiles o seres sensibles. Y al preguntarnos de esta forma se generan de inmediato varios dilemas éticos, expresado en conceptos como:
· el sufrimiento animal.
“Veneramos, mimamos y admiramos a algunos animales, mientras a otros se les tortura y destruye. Quizás una de las razones por la que los seres humanos abusan de los animales es por que
no podemos sentir lo que es, ser un animal.” (21
no podemos sentir lo que es, ser un animal.” (21
A través de la neurobiología y de la fisiología animal, hemos podido entender los mecanismos que subyacen detrás del “dolor animal”, el cual varía en su percepción y expresión de especie a especie, pero que sin lugar a dudas es una realidad biológica.En cuanto al sufrimiento, constituye un concepto de gran peso, pero puede ser de difícil valoración en un animal; que aunque puede comunicarse (vocalizaciones, actitudes posturales y faciales, señales químicas) se plantea como algo más bien subjetivo, una experiencia más de tipo emocional.Esto nos ofrece un reto que ha intentado ser dilucidado desde hace ya, varios siglos; Bentham,J (1748 - 1832)escribía: “La pregunta no es, a la hora de interesarme por el bienestar de alguien ¿piensa?, ¿posee capacidad de raciocinio?, sino ¿siente?, ¿tiene capacidad de gozar y sufrir?.”(17)Frente a esta disyuntiva práctica surge la propuesta ética del“Bienestar Animal” en la que los profesionales de las ciencias veterinarias en conjunto con gobiernos y ONG’s han acordado desde la década de los sesenta, la implementación de protocolos de evaluación y control para lograr dicho bienestar en las áreas de producción y tenencia de animales: conocidos como “ las cinco libertades ”(entendidas como necesidades, son: alimentación, refugio, salud, comportamiento y bienestar), el manejo etológico(entendido como la mejor manera de aproximarme, sujetar e inmovilizar a un animal) y el enriquecimiento ambiental (en aquellas especies que van a ser confinadas, permitir mediante el diseño arquitectónico de las instalaciones, el mobiliario y el manejo; que sus necesidades biológicas, etológicas y psicológicas puedan ser satisfechas).
· el conflicto de intereses
...“El principio de igual consideración de intereses no permite que los intereses principales sean sacrificados en aras de intereses secundarios...”(17)
De igual manera que en el punto anterior estas discusiones han sido abordadas desde hace varios siglos; es así como el filósofo y economista ingles, John Stuart Mill (1806 – 1873)ya planteaba:“Suponiendo que cualquier hecho cause más dolor a los animales que el placer que cause al hombre, ¿esa práctica es moral o inmoral? Y si el hombre no contesta inmoral con una sola voz, al mismo tiempo que su cabeza emerge del todo del egoísmo que la moralidad del principio de utilidad se condene para siempre.”(22)Este conflicto de intereses es de base, el contingente mayor que enfrenta el profesional de las ciencias veterinarias, cuando debe anteponer los costos y honorarios, al sufrimiento de los animales y propietarios. Teniendo además que tomar la decisión y ejecutarla; la del sacrifico humanitario de sus pacientes animales (eutanasia), frecuentemente vista como la mejor opción para evitar el sufrimiento.En ética ambiental (macrobioética) es más evidente este conflicto, en donde preguntas como: ¿Constituye la extinción de una especie un precio aceptable a pagar por el aumento de las oportunidades de empleo?. Nos plantean una reflexión filosófica, si debemos incluir en nuestras deliberaciones éticas a todas las especies animales, organismos unicelulares, plantas, algas, quizás virus y según algunos, ecosistemas e incluso el conjunto de la biosfera. (41)Lo claro es, y como lo plantea Elliot, R (1993): ... “Una ética centrada en la vida exige, que a la hora de decidir cómo hemos de actuar, tengamos en cuenta el impacto de nuestras acciones sobre todo ser vivo afectado por ellas.”(41)
· ¿igualdad y especiecismo?
“... no hay razón para creer que ningún animal sea capaz de pensar acerca de sus propios pensamientos de esta manera, ninguno de sus estados mentales será consciente. Si se aceptará este razonamiento, se deduciría casi inmediatamente que los animales no pueden plantearnos imperativos morales, pues los estados mentales no conscientes no son un objeto adecuado de interés moral.”(21)
Al asumir que la propuesta no busca humanizar lo animal ni animalizar lo humano, establece desde ya, que nuestro objetivo no es discutir acerca de lo que es similar o distinto entre el hombre y los animales. Sino más bien, discutir, si los argumentos que utilizamos para interactuar con ellos siguen siendo válidos, a la luz de los nuevos descubrimientos que aporta la ciencia y la tecnología. O si el pensamiento filosófico actual desea adoptar nuevos o diferentes argumentos acerca de los animales: sobre su estatus moral, sus derechos y nuestras responsabilidades .En este sentido, nuestra cultura ha discriminado su relación de afecto o utilidad con los animales más orientado por la moda y por emociones que por aspectos morales o éticos. De la misma manera es evidente al observar dicha relación, que la complejidad de las especies (especieísmo) su apariencia – fenotipo -, marcan en gran medida la empatía (compasión) o antipatía de los seres humanos hacia estas.Finalmente y sin respuesta clara, la pregunta sobre el derecho de los animales nos invita a revisar el contexto normativo, jurídico y legal que enmarca la relación de los animales en cada país y en cada cultura. Estudiar la percepción que de los animales tiene cada comunidad (Etnoveterinaria) y aportar cuando sea oportuno y con una mirada bioética la sugerencia que promueva el“respeto por cualquier forma de vida”.
¿Derechos Animales y Responsabilidades Humanas ?“ El contractualismo no concede a los animales derechos morales directos, mientras que se los otorga a todos los seres humanos. (...) Pero las limitaciones que impone a nuestra conducta son mínimas; es evidente que el contractualismo no presta ningún apoyo a quienes desearían ampliar aún más la protección que se brinda a los animales.” (6)El enfoque relativista y subjetivo de la valoración moral de los animales, nos presenta grandes dificultades al momento de realizar comparaciones y preguntarnos quienes pueden hacer parte de la comunidad moral humana.O al preguntarnos: ¿Qué hace que un ser vivo sea considerado persona?, ¿Cómo es ser un animal?, ¿Experimentan los animales no humanos algún pensamiento o algún sentimiento subjetivo?Carruthers, P (1992) en su “Teoría moral aplicada” nos aporta los siguientes elementos de reflexión:“ Se puede decir que muchos animales tienen creencias y deseos: No obstante, ningún animal posee las demás cualidades necesarias para ser considerado un agente racional. Concretamente, ningún animal parece ser capaz de hacer planes a largo plazo, o de imaginar distintos futuros posibles. Y ningún animal parece capaz de conceptualizar normas generales convenidas socialmente. Así pues ningún animal podría ser considerado agente racional, en el sentido que nos permitiría otorgarles derechos directos según el contractualismo”.Y Regan, T. En su libro “The case for animal rigths” dice así:“sólo tienen derechos los seres con un valor inherente (...) Solo los titulares de una vida tienen un valor inherente...”Sin embargo un número importante de filósofos afirman que los animales no son agentes morales y que si bien es censurable la crueldad hacia ellos, no sería posible aceptar dar la misma importancia a la vida y al sufrimiento de los animales que a los humanos.Finalmente Sánchez, M. (1996), nos ofrece una propuesta conciliadora:“... El respeto hacia los animales no es incompatible con el respeto hacia los seres humanos. Ambos respetos forman parte de un único y más amplio sentimiento de respeto hacia todo y hacia todos...” (17)En cuanto a las responsabilidades hacia los animales pueden enfocarse en dos dimensiones una moral y otra práctica.“... No obstante, puede haber obligaciones indirectas para con los animales, motivadas por el respeto de los intereses legítimos de quienes se interesan por ellos.”(6)En el sentido moral, es interesante observar como las diferentes tradiciones religiosas han planteado diversas relaciones con el mundo animal; desde la llamadaMayordomía Responsable en donde el hombre es el rey de la creación y el encargado de las demás especies para su uso y cuidado, pasando por la Hermandad Franciscana de unidad con todos los seres; hasta la prohibición específica y detallada del consumo de ciertos animales.3. El rol del Veterinario“Es esencial que exista una distinción clara entre hombres y animales, para poder doblegarlos a nuestra voluntad, conseguir que trabajen para nosotros, llevarlos puestos, comerlos, sin ningún sentimiento inquietante de culpa o de pena.Con nuestras conciencias tranquilas podemos extinguir especies enteras en nombre de un beneficio imaginado a corto plazo, o incluso por simple descuido. Su perdida tiene poca importancia: estos seres, podemos decir, no son como nosotros.”(36)Existe al igual que en muchas profesiones código deontológico y juramento que el profesional recibe y asume al momento de graduarse; de forma similar posee un misión definida que cumplir.En el caso de los Médicos Veterinarios Colombianos existe un marco de referencia reciente que ha posibilitado abrir el camino a un desarrollo ético de la profesión: La ley 576 de 2000 por la cual se expide el Código de Ética para el ejercicio profesional de la medicina veterinaria, la medicina veterinaria y zootecnia y la zootecnia.Sería ingenuo pensar que por el hecho de la existencia de la ley o el marco jurídico del ejercicio, se podría garantizar el desempeño de las personas que representan a la profesión. Sin embargo ofrece la posibilidad de crear un ámbito de discusión y aprendizaje colectivo, sobre nuestros mínimos éticos de referencia. De igual manera la creación y existencia del TRINADEP (Tribunal Nacional de Ética Profesional) que simboliza el órgano de control sancionador a los infractores de esos mínimos éticos.Lo ideal para mí sería la inclusión de unos máximos éticos en el cotidiano de todos aquellos profesionales relacionados con el área y de todas aquellas personas relacionadas con los animales. Que en ellos existiera la voluntad y el interés de reflexionar en torno a nuestra visión y misión, en torno a la cultura de lo animal que existe en nuestro país.“La Medicina Veterinaria es una profesión basada en una formación científica, técnica y humanística que tiene como fin el propender por el mejoramiento de la calidad de vida del hombre, mediante la conservación de la salud animal, el incremento de las fuentes de alimento de origen animal , la protección de la salud pública, la conservación del medio ambiente, de la biodiversidad, y el desarrollo pecuario del país.”República de ColombiaConsejo Profesional de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de Colombia
4. Comentario final:Al terminar esta corta reflexión me queda como miembro de la especie humana, ciudadano del mundo y Médico Veterinario Colombiano asumir el compromiso que nos corresponde en la conservación de la Vida en el planeta, en la preservación y desarrollo de nuestra cultura. Y de manera fundamental la investigación, aplicación y conformación de principios Bioéticos que posibiliten la consolidación de una Medicina Veterinaria más humana y comprometida con el bienestar humano y animal.Como cita final quise compartir estas dos:Jeremy Bentham (1748 – 1832; filósofo ingles, economista y jurista)“Puede llegar el día en que el resto de la creación animal adquiera esos derechos que nunca debían habérsele retirado sino por la mano de la tiranía (...)” Puede llegar el día en que se reconozca que el número de las piernas, la vellosidad de la piel, o la terminación del hueso sacro sean por igual razones insuficientes para abandonar a un ser sensitivo a la misma suerte. ¿Qué más existe que deba trazar la línea insuperable? ¿Es la facultad de la razón o, tal vez, la facultad de discurrir? Pero a fuerza de comparar, un caballo o un perro adulto son animales mucho más racionales y amistosos que un infante de un día, de una semana o hasta un mes. Pero supongamos que el caso sea el contrario, ¿qué importaría?. La cuestión no es: ¿pueden razonar?, ni: ¿pueden hablar?, sino: ¿pueden sufrir?. ”(The principles of Morals and Legislation)El mensaje de los HUA DE NO SAU NEE al mundo occidental:“Las enseñanzas originales nos ordenan que nosotros, los que caminamos sobre La Tierra, expresemos un gran respeto, afecto y gratitud hacia todos los espíritus que crean y mantienen la Vida. Nosotros damos un saludo de agradecimiento a los muchos sostenedores de nuestras propias vidas.... Cuando la gente cese de respetar y expresar gratitud por estas muchas cosas, entonces la vida será destruida y la vida humana de este planeta llegará a su fin.Nosotros no somos un pueblo que demande o pida cosas del Creador de La Vida, sino que por el contrario alabamos y damos gracias por que todas las fuerzas de La Vida estén trabajando todavía.Nosotros entendemos profundamente nuestra relación con todos los seres vivientes. Y hasta hoy, los territorios que aún mantenemos, están poblados de árboles, animales y otros dones de La Creación”. (1)
BIBLIOGRAFÍA
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sábado, 11 de abril de 2015
miércoles, 8 de abril de 2015
LA CONVERSACIÓN 7°
Diálogos más o menos famosos. Simpáticos, absurdos… pero
siempre con humor.
Como en el caso de la famosísima escena de Un día en la
Ópera (1935) en la que dos remedos de abogado acuerdan firmar un contrato.
Groucho Marx: Haga el favor de poner su atención en la
primera claúsula porque es muy importante. Dice que… “La parte contratante de
la primera parte será considerada como la parte contartante de la primera
parte.” ¿Qué tal? Está muy bien, ¿eh?
Chico Marx: No, eso no esta bien.
Groucho Marx: ¿Por qué no está bien?
Chico Marx: No lo sé. Quisiera volver a oirlo.
Groucho Marx: Dice que…“La parte contratante de la primera
parte será considerada como la parte contartante de la primera parte.”
Chico Marx: Esta vez parece que suena mejor.
Groucho Marx: : A todo se acostumbra uno. Si usted quiere lo
leo otra vez.
Chico Marx: Tan solo la primera parte.
Groucho Marx: ¿Sobre la parte contratante de la primera
parte?
Chico Marx: No sólo la parte de la parte contratante de la
primera parte.
Groucho Marx: Dice que… “La parte contratante de la primera
parte será considerada como la parte contratante de la primera parte y la parte
contratante de la primera parte será considerada en este contrato…” Oiga ¿por
qué hemos de pelearnos por una tontería como esta? La cortamos.
(rasgan una parte del contrato)
Chico Marx: Sí, es demasiado largo. ¿Qué es lo que nos queda
ahora?.
Groucho Marx: Más de medio metro todavía
Groucho Marx: Dice ahora… ”La parte contratante de la
segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte.”
Chico Marx: ¡Eso sí que no me gusta nada!
Groucho Marx: ¿Qué le encuentra?
Chico Marx: Nunca segundas partes fueron buenas.
Groucho Marx: El otro día vi un partido de fútbol y la
segunda parte fue mejor que la primera. Le pegaron al árbitro y todo.
Chico Marx: ¡Eh, escuche! ¿Por qué no hacer que la primera
parte de la segunda parte contratante sea la segunda parte de la primera parte?
Groucho Marx: Pues, eh… en vez de discutir que le parece a
usted si…
(rompen otra parte del contrato)
Chico Marx: Bien.
Groucho Marx: Aquí hay una cláusula que le va a volver a usted
loco de alegría, ya lo verá.
Chico Marx: No, no me gusta.
Groucho Marx: ¿Qué es lo que no le gusta?
Chico Marx: Sea lo que sea, no me gusta.
Groucho Marx: Bueno no vamos a romper nuestra vieja amistad
por una cosa sin importancia. ¿Listo?
Chico Marx: ¡Listo!
(rompen otra parte del contrato)
Chico Marx: Ahora en esta parte que sigue hay algo que no le
gustará.
Groucho Marx: Bien, su palabra es suficiente para mi.
(rompen otro trozo de contrato)
Dígame, ¿la mía es suficiente para usted?
Chico Marx: ¡Desde luego que no!
Groucho Marx: Bueno quitemos un par de claúsulas. (siguen
quitando trozos al contrato)
“La parte contratante de la octava parte…”
Chico Marx: ¡No!
Groucho Marx: ¿No?
Chico Marx: ¡He dicho que no!
Groucho Marx: La parte contratante de…
Chico Marx: ¡No!, esto tampoco, no… Oiga, ¿cómo es que mi
contrato es más pequeño que el de usted?
Groucho Marx: No lo sé. Seguramente será por que usted es
más chico que yo. De todos modos estamos de acuerdo, ¿verdad?
Chico Marx: Sí, eso sí.
Groucho Marx: Entonces ponga usted su firma ahí y así el
contrato será legal.
Chico Marx: Me olvidé decirle que no sé escribir.
Groucho Marx: Oh, es igual. La estilográfica no tiene tinta.
Pero el contrato está hecho, ¿no es eso?
Chico Marx: ¡Ah, claro!
Groucho Marx: Nos obliga un contrato, aunque sea muy
pequeño.
Chico Marx: Espere, espere. ¿Qué es lo que dice aquí en esta
línea.
Groucho Marx: Oh, eso no es nada. Una cláusula común a todos
los contratos. Solo dice.… dice… ”si se demostrase que cualquiera de las partes
firmantes de este contrato no se haya en el uso de sus facultades mentales,
quedará automáticamente anulado en todas sus cláusulas.”
Chico Marx: Pero yo no se si…
Groucho Marx: No se preocupe, hay que tomarlo en cuenta en
todo contrato. Es lo que llaman una cláusula sanitaria.
Chico Marx: Ja, ja, ja… no me diga que ahora tenemos que
vacunarnos.
Groucho Marx: (dándole la flor del ojal de su chaqueta)
Tenga, se la ha ganado por idiota.
Chico Marx: Gracias
ESTANISLAO ZULETA GRADO 11°
ELOGIO DE LA DIFICULTAD 1
Por: Estanislao Zuleta
La pobreza y la impotencia
de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se
trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos,islas
afortunadas, países de cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de
superación y sin muerte. Y por tanto también sin carencias y sin deseo: un
océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente
inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes.
Todas estas fantasías serían
inocentes e inocuas, si no fuera porque constituyen el modelo de nuestros
anhelos en la vida práctica. Aquí mismo, en los proyectos de la existencia cotidiana,
más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto
de la seguridad garantizada, de las reconciliaciones totales, de las soluciones
definitivas.
Puede decirse que nuestro
problema no consiste sólo ni principalmente en que no seamos capaces de
conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos: que nuestra
desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma
de desear. Deseamos mal. En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja
y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos
un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y por lo tanto, en última
instancia un retorno al huevo.
En vez de desear una
sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer
efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una
monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida. En lugar de desear una
filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una
doctrina global,capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca
han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido. Adán y sobre
todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro
pecado es que anhelamos regresar a él. Desconfiemos de las mañanas radiantes en
las que se inicia un reino milenario. Son muy conocidos en la historia, desde
la Antigüedad hasta hoy, los horrores a los que pueden y suelen entregarse los
partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros
han sido alcanzados por la gracia –por la desgracia– de alguna revelación.
El estudio de la vida social
y de la vida personal nos enseña cuán próximos se encuentran una de otro la
idealización y el terror. La idealización del fin, de la meta y el terror de
los medios que procurarán su conquista.
Quienes de esta manera
tratan de someter la realidad al ideal, entran inevitablemente en una
concepción paranoide de la verdad; en un sistema de pensamiento tal, que los
que se atrevieran a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la
interpretación totalitaria: sus argumentos no son argumentos sino solamente
síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de malignos propósitos. En
lugar de discutir un razonamiento se le reduce a un juicio de pertenencia al
otro –y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo–, o se procede a un
juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto
en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el
que no está conmigo está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no
está conmigo.
Así como hay, según Kant, un
verdadero abismo de la razón que consiste en la petición de un fundamento
último e incondicionado de todas las cosas, así también hay un verdadero abismo
de la acción, que consiste en la exigencia de una entrega total a la “causa”
absoluta y concibe toda duda y toda crítica como traición o como agresión.
Ahora sabemos, por una
amarga experiencia, que este abismo de la acción, con sus guerras santas y sus
orgías de fraternidad, no es una característica exclusiva de ciertas épocas del
pasado o de civilizaciones atrasadas en el desarrollo científico y técnico; que
puede funcionar muy bien y desplegar todos sus efectos sin abolir una gran
capacidad de inventiva y una eficacia macabra. Sabemos que ningún origen
filosóficamente elevado o supuestamente divino, inmuniza a una doctrina contra
el riesgo de caer en la interpretación propia de la lógica paranoide que afirma
un discurso particular –todos lo son– como la designación misma de la realidad
y los otros como ceguera o mentira.
El atractivo terrible que
poseen las formaciones colectivas que se embriagan con la promesa de una
comunidad humana no problemática, basada en una palabra infalible, consiste en
que suprimen la indecisión y la duda, la necesidad de pensar por sí mismo,
otorgan a sus miembros una identidad exaltada por la participación, separan un
interior bueno –el grupo– y un exterior amenazador. Así como se ahorra sin duda
la angustia, se distribuye mágicamente la ambivalencia en un amor por lo propio
y un odio por lo extraño y se produce la más grande simplificación de la vida,
la más espantosa facilidad.
Y cuando digo aquí
facilidad, no ignoro ni olvido que precisamente este tipo de formaciones colectivas,
se caracterizan por una inaudita capacidad de entrega y sacrificios; que sus miembros
aceptan y desean el heroísmo, cuando no aspiran a la palma del martirio. Facilidad,
sin embargo, porque lo que el hombre teme por encima de todo no es la muerte y
el sufrimiento, en los que tantas veces se refugia, sino la angustia que genera
la necesidad de ponerse en cuestión, de combinar el entusiasmo y la crítica, el
amor y el respeto.
Un síntoma inequívoco de la
dominación de las ideologías proféticas y de los grupos que las generan o que
someten a su lógica doctrinas que les fueron extrañas en su origen, es el descrédito
en que cae el concepto de respeto. No se quiere saber nada del respeto, ni de
la reciprocidad, ni de la vigencia de normas universales. Estos valores
aparecen más bien como males menores propios de un resignado escepticismo, como
signos de que se ha abdicado a las más caras esperanzas.
Porque el respeto y las
normas sólo adquieren vigencia allí donde el amor, el entusiasmo, la entrega
total a la gran misión, ya no pueden aspirar a determinar las relaciones
humanas.Y como el respeto es siempre
el respeto a la diferencia, sólo puede afirmarse allí donde ya no se cree que
la diferencia pueda disolverse en una comunidad exaltada, transparente y espontánea,
o en una fusión amorosa.
No se puede respetar el
pensamiento del otro, tomarlo seriamente en consideración, someterlo a sus
consecuencias, ejercer sobre él una crítica, válida también en principio para
el pensamiento propio, cuando se habla desde la verdad misma, cuando creemos
que la verdad habla por nuestra boca; porque entonces el pensamiento del otro
sólo puede ser error o mala fe; y el hecho mismo de su diferencia con nuestra
verdad es prueba contundente de su falsedad, sin que se requiera ninguna otra.
Nuestro saber es el mapa de
la realidad y toda línea que se separe de él sólo puede ser imaginaria o algo
peor: voluntariamente torcida por inconfesables intereses. Desde la concepción apocalíptica
de la historia, las normas y las leyes de cualquier tipo son vistas como algo
demasiado abstracto y mezquino frente a la gran tarea de realizar el ideal y de
encarnar la promesa; y por lo tanto sólo se reclaman y se valoran cuando ya no
se cree en la misión incondicionada.
Pero lo que ocurre cuando
sobreviene la gran desidealización no es generalmente que se aprenda a valorar
positivamente lo que tan alegremente se había desechado o estimado sólo
negativamente; lo que se produce entonces, casi siempre, es una verdadera ola
de pesimismo, escepticismo y realismo cínico. Se olvida entonces que la crítica
a una sociedad injusta, basada en la explotación y en la dominación de clase,
era fundamentalmente correcta y que el combate por una organización social
racional e igualitaria sigue siendo necesario y urgente. A la desidealización
sucede el arribismo individualista que además piensa que ha superado toda moral
por el sólo hecho de que ha abandonado toda esperanza de una vida
cualitativamente superior.
Lo más difícil, lo más
importante, lo más necesario, lo que de todos modos hay que intentar, es
conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente sin caer en la
interpretación paranoide de la lucha. Lo difícil, pero también lo esencial es
valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho
inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el
pensamiento, como aquello sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos
cantaría el eterno hosanna del aburrimiento satisfecho.
Hay que poner un gran signo
de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus
consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello
que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos
obliga a desplegar nuestras posibilidades.
Hay que observar con cuánta
desgraciada frecuencia nos otorgamos a nosotros mismos, en la vida personal y
colectiva, la triste facilidad de ejercer lo que llamaré una no reciprocidad lógica;
es decir, el empleo de un método explicativo completamente diferente cuando se
trata de dar cuenta de los problemas, los fracasos y los errores propios y los
del otro cuando es adversario o cuando disputamos con él. En el caso del otro
aplicamos el esencialismo:lo que ha hecho, lo que le ha pasado es una manifestación
de su ser más profundo; en nuestro caso, aplicamos el circunstancialismo, de
manera que aún los mismos fenómenos se explican por las circunstancias
adversas, por alguna desgraciada coyuntura.
Él es así; yo me vi
obligado. Él cosechó lo que había sembrado; yo no pude evitar este resultado.El
discurso del otro no es más que un síntoma de sus particularidades, de su raza,
de su sexo, de su neurosis, de sus intereses egoístas; el mío es una simple
constatación de los hechos y una deducción lógica de sus consecuencias. Preferiríamos
que nuestra causa se juzgue por los propósitos y la adversaria por los
resultados.
Y cuando de este modo nos
empeñamos en ejercer esa no reciprocidad lógica que es siempre una doble
falsificación, no sólo irrespetamos al otro, sino también a nosotros mismos, puesto
que nos negamos a pensar efectivamente el proceso que estamos viviendo. La difícil
tarea de aplicar un mismo método explicativo y crítico a nuestra posición y a
la opuesta no significa desde luego que consideremos equivalentes las
doctrinas, las metas y los intereses de las personas, los partidos, las clases
y las naciones en conflicto.
Significa por el contrario
que tenemos suficiente confianza en la superioridad de la causa que defendemos,
como para estar seguros de que no necesita, ni le conviene esa doble falsificación
con la cual, en verdad, podría defenderse cualquier cosa.
En el carnaval de miseria y
derroche propios del capitalismo tardío se oye a la vez lejana y urgente la voz
de Goethe y Marx que nos convocaron a un trabajo creador, difícil, capaz de situar
al individuo concreto a la altura de las conquistas de la humanidad.
Dostoievski nos enseñó a mirar hasta dónde van las tentaciones de tener una
fácil relación interhumana: van sólo en el sentido de buscar el poder, ya que
si no se puede lograr una amistad respetuosa en una empresa común se produce lo
que Bahro llama intereses compensatorios: la búsqueda de amos, el deseo de ser
vasallos, el anhelo de encontrar a alguien que nos libere de una vez por todas
del cuidado de que nuestra vida tenga un sentido Dostoievski entendió, hace más
de un siglo, que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a
las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades porque nos evitan la
angustia de la razón.
Pero en medio del pesimismo
de nuestra época se sigue desarrollando el pensamiento histórico, el
psicoanálisis, la antropología, el marxismo, el arte y la literatura. En medio
del pesimismo de nuestra época surge la lucha de los proletarios que ya saben
que un trabajo insensato no se paga con nada, ni con automóviles ni con
televisores; surge la rebelión magnífica de las mujeres que no aceptan una
situación de inferioridad a cambio de halagos y protecciones; surge la insurrección
desesperada de los jóvenes que no pueden aceptar el destino que se les ha
fabricado. Este enfoque nuevo nos permite decir como Fausto:
“También
esta noche, Tierra, permaneciste firme.
Y
ahora renaces de nuevo a mi alrededor.
Y
alientas otra vez en mi
la
aspiración de luchar sin descanso
por
una altísima existencia”.
lunes, 6 de abril de 2015
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